Blog Autoestima
La diferencia entre exigirte y cuidarte
Cuando la motivación se convierte en látigo, deja de funcionar. Cómo distinguir una de la otra.
Hay una creencia muy extendida: que si dejas de exigirte, te abandonas. Que la autoexigencia es lo único que te mantiene funcionando y que, sin ella, te quedarías en el sofá para siempre.
En consulta veo lo contrario con bastante frecuencia. Las personas más duras consigo mismas no son las que más consiguen: son las que más agotadas llegan.
El mismo objetivo, dos voces distintas
Imagina que te has propuesto salir a caminar tres veces por semana y esta semana solo has salido una.
La voz exigente dice: «Otra vez igual. Nunca terminas nada. Eres un desastre.»
La voz que cuida dice: «Una vez es más que ninguna. ¿Qué ha pasado esta semana que lo ha puesto difícil?»
Las dos quieren que camines más. La diferencia está en qué provocan. La primera genera vergüenza, y la vergüenza empuja a esconderse, no a moverse. La segunda genera información, y la información permite ajustar el plan.
Cómo reconocer cuál está hablando
Fíjate en tres cosas:
- El tono. ¿Le hablarías así a alguien a quien quieres? Si la respuesta es no, no es exigencia sana: es maltrato interno.
- El plazo. La exigencia habla en absolutos: «siempre», «nunca», «todo». El cuidado habla de esta semana concreta.
- Qué pasa después. Si tras esa voz te viene ganas de intentarlo, iba bien encaminada. Si te viene ganas de desaparecer, no.
Cuidarse no es rebajar el listón
Esto es lo que más cuesta entender. Cuidarte no significa conformarte ni dejar de aspirar a nada. Significa que el listón sigue donde está, pero la forma de acompañarte hacia él cambia.
Un entrenador exigente y un entrenador humillante pueden pedirte la misma marca. Solo uno de los dos consigue que vuelvas al entrenamiento la semana siguiente.
Si esa voz lleva mucho tiempo contigo
Rara vez es una elección consciente. Casi siempre se aprendió pronto, en algún sitio donde el cariño parecía depender del rendimiento. Y como todo lo aprendido, se puede revisar.
No se cambia a base de proponérselo un lunes. Se cambia identificándola cada vez que aparece, entendiendo de dónde viene y practicando otra forma de responderte. Es lento, pero funciona.